El hallazgo en la tumba
En 2023, un equipo de arqueólogos egipcios descubrió un pequeño alabastro sellado dentro de la tumba de una sacerdotisa del Nuevo Reino. Dentro, una pasta viscosa y oscura llamó su atención: parecía un ungüento, pero su origen era un misterio.
De moléculas a notas olfativas
Los investigadores extrajeron micro‑muestras y las analizaron con cromatografía de gases y espectrometría de masas. El perfil reveló cientos de compuestos: mirra, incienso, aceites de almendra, y rastros de flores como el jazmín y el lirio. Sin embargo, traducir esa lista en un aroma perceptible no es trivial; la percepción humana depende de proporciones y de cómo las moléculas interactúan en el aire.
El papel de la IA generativa
Aquí entra un modelo de IA entrenado con una base de datos de más de 10 000 fórmulas de perfumes históricos y modernos, junto con sus descripciones sensoriales. El algoritmo tomó la lista de compuestos y, mediante aprendizaje por refuerzo, propuso proporciones que maximizaran la similitud con los descriptores arqueológicos ("dulce, resinoso, ligeramente floral"). En pocas horas generó tres candidatos de fórmula.
De la simulación al frasco
Los perfumistas de un laboratorio especializado en aromas antiguos tomaron las recetas sugeridas y las produjeron en escala micro. Tras varias pruebas olfativas a ciegas, el equipo eligió la versión que mejor coincidía con las notas descritas en textos antiguos de la época: un perfume cálido, con un toque de humo y un susurro de flores blancas.
¿Por qué importa?
- Preservación del patrimonio olfativo: por primera vez podemos experimentar un sentido que había quedado perdido en el tiempo.
- Nuevas vías de investigación: la misma técnica se aplica a residuos de alimentos, medicinas o incluso pinturas murales.
- Innovación comercial: marcas de nicho ya están explorando líneas de "arqueofragancias" que conectan historia y lujo.
El futuro del olfato está siendo reescrito, molécula por molécula, gracias a la inteligencia artificial.